Lenguaje inclusivo


El lenguaje, como toda normalización de nuestras conductas, no es neutral y responde a un entramado específico de poder.

Los que hoy tienen el poder, aun siendo los mismos que lo tenían antes, tienen otros objetivos, por lo que van a tratar de imponer un nuevo lenguaje para cumplir sus metas, pero para no evidenciar sus intenciones, deben mostrar un chivo expiatorio, una excusa y así ocultar la trama de poder que existe detrás de esta propuesta de cambio de lenguaje.

El lenguaje es producto del pasado, pero genera el futuro. Así como lo heredamos, tenemos la oportunidad de transformarlo para que otros lo reciban de nosotros. El lenguaje está vivo, pero lo que utilizamos hoy al comunicarnos fue realizado por “otros”, nuestros antepasados. En otras palabras, lo que hoy percibimos como normal, es el producto de generaciones pasadas. Por eso, los cambios que hoy hagamos, van a afectar a las generaciones futuras.

Todas las lenguas aceptan cambios en el nivel del léxico, de la fonética y de la ortografía. Son los cambios que hacemos todos los días al agregar una nueva palabra, o un modismo regional. Pero las lenguas no permiten cambios en el nivel gramatical, pues estaríamos generando un nuevo idioma. Cuando los pueblos del occidente del Imperio Romano dejaron de declinar las palabras, pasaron del latín al francés, al italiano, al portugués o al castellano. Un cambio gramatical creó otros idiomas. Fue un proceso que llevó siglos, dividió pueblos y dificultó la transmisión de conocimientos. No fue casual.

Durante ese período, la cultura de esos pueblos estaba influenciada por una Iglesia Católica cuya visión respecto al sexo provenía de la tradición aristotélica y agustiniana. San Agustín, veía la actividad sexual como el camino por el cual entra el pecado original. Por él, de nacimiento, cada ser humano se hace portador de una mancha, de un pecado, sin culpa personal, en solidaridad con el pecado de Adán y Eva. La mujer, por ser engendradora, introduce en el mundo el mal originario. Por ello se le negaba la plena humanidad. Era llamada “hombre no completo”. La segregación de la mujer en la Iglesia católica-romana, encuentra aquí su presupuesto teórico.

El género gramatical, la clasificación de los sustantivos en femenino o masculino, sobrevivió hasta ahora y está arraigado en nuestra cultura. Estos idiomas, surgidos del imperio romano, se sirven del género gramatical para codificar la distinción semántica entre los sexos, dividiendo a las personas según su anatomía y situándolas en un orden bipolar jerárquico, en cuyo extremo superior están representados los hombres y lo masculino, y en el extremo inferior lo femenino y las mujeres, que aparecen subordinadas. Además invisibiliza a las diversas identidades de género. No existen.

Pero además, el poder que ejerce el idioma está, sobre todo, en lo no evidente; en lo no marcado del masculino: los términos masculinos simbolizan a los varones y a la especie entera. La concordancia de sustantivos masculinos, femeninos u otros géneros referidos a personas debe realizarse en masculino.

Esto, en definitiva, es reconocer que la gramática constituye sentido y que, resignificando las palabras, se construyen nuevos marcos interpretativos con los que entendemos la realidad y con ello la posibilidad de transformarlo.

Vale la pena ver lo que sucede con la gramática de otros idiomas y su relación con la sociedad en la que se hablan. El árabe clásico, instalado sin modificaciones desde el Siglo VI, es una “lengua que a la inversa que el castellano, usa el femenino para englobar ambos géneros. Los árabes no dicen ‘estos son libros’, sino que dicen: ‘esta son libros’

Si fuera cierto lo que están pregonando, en el mundo árabe las mujeres serían las que ostensiblemente detentan el poder y todos sabemos que esto no es así. No parece que el uso extendido del femenino genérico, haya tenido influido en la manera en que los árabes entienden el papel de la mujer en su sociedad, ni les haya permitido solucionar sus problemas de igualdad de género.

Esto nos demuestra que el tema de la igualdad de género, es una excusa para el cambio de lenguaje, que tiene otras intenciones y que son obviamente de poder.

En la propuesta “inclusivista”, es preciso separar la preocupación por el reconocimiento de los derechos de los diversos géneros, de los mecanismos utilizados desde el ámbito oficial para tratar de imponer que se desdoble la mención del sustantivo afectado haciendo visible el género femenino (por ejemplo: “"todos y todas”), recurriendo a ese mecanismo de redundancia. Un ejemplo reciente en Uruguay, fue el cambio de nombre de la Defensoría del Vecino por el de “Defensoría de las Vecinas y Vecinos”.

En cuanto a la idea de unificar con la vocal “e” las distinciones de género presentes en los sufijos nominales “-a” (femenino) y “-o” (masculino), creo que el cambio no viene "desde abajo", sino como una propuesta “desde arriba”, nacida de un grupo de poder que busca imponer en la lengua un valor en torno a un reclamo social.

No implica una simplificación del sistema, sino una complicación inducida.

Esa intervención afecta la estructura del idioma, proponiendo la inserción de una terminación artificial arbitraria (se utiliza la vocal "e" ¿por qué no utilizar la “i” o la “u”?). El empleo de la arroba (@) que busca neutralizar en la escritura la distinción de género, es un recurso exclusivamente gráfico, que no propone la asignación de un sonido diferenciado, no se puede pronunciar, no existe en el lenguaje hablado. Todo es arbitrario e impuesto.

Todas estas medidas de cambio en el lenguaje están siendo impuestas desde el poder, aunque los gobiernos tratan de decirnos que los culpables de estos cambios, son los grupos que luchan por la diversidad de género y que ellos son víctimas inocentes que se ven forzados a hacerlo.

Observamos que el lenguaje inclusivo, a diferencia de lo que se cree, tiene tres grandes aliados para su imposición:

1) Los medios corporativos de comunicación, donde periodistas y articulistas cobran para escribir notas con lenguaje inclusivo, leídas por millones de personas, que luego copiaran la nueva semántica en las redes sociales creyendo que es algo correcto.

   2) Los gobiernos a través de los ministerios de educación, para crear una lengua indescifrable y pobre de semántica, y así inhabilitar a los alumnos en el futuro a consultar toda fuente que no sean las generadas desde el lenguaje inclusivo, para así perder la historia y tener que basarse en el relato que ellos hagan de acuerdo a su conveniencia.

    3) Las grandes corporaciones, porque esto está sucediendo en muchos países con diferentes idiomas: Es un tema global.

Querer suplantar el idioma por una nueva lengua artificial, desde la imposición en el ámbito escolar, los medios de comunicación y la coerción política, podemos hablar de totalitarismo.

¿Porque lo hacen? Obviamente que no es para visibilizar las identidades de género. Eso es una excusa. Los gobiernos tratan de mostrar que el problema de la humanidad es el machismo, la dominación del hombre sobre mujer y la negación de la diversidad de género.  Sin duda hay una cultura patriarcal que se debe combatir. Pero no confundamos el problema real que debemos enfrentar como civilización.

Porque digo esto, porque el problema de dominación en la humanidad, no es de los hombres sobre las mujeres, sino de un ínfimo número de personas, que controlan más del 90% del PBI mundial sobre una población de más de 7.000 millones.

Lo que se quiere es invisibilizar es esa dominación.

Además de ocultar esa opresión, existe el propósito de dividir a la sociedad, por géneros y por rangos etarios al impedir que las futuras generaciones aprendan de las experiencias anteriores, porque no pueden acceder al conocimiento generado en idioma antiguo y deben informarse solamente por el relato que les hagan.

El primer paso para revertir una relación de poder es evidenciándola, hacerla visible para la gente. Debemos mostrar quienes están detrás del “lenguaje inclusivo”, que no son los activistas de la igualdad de género, sino los poderes económicos que tratan de desviar la atención y generar un quiebre en la sociedad, para que no se conozca la historia y se empiece de nuevo con un relato hecho a la medida de los que tienen el poder.

Van a lograr someternos cuando, como humanidad, aceptemos ese relato, normalizando nuestras acciones y prácticas cotidianas y las reproduzcamos. Todavía tenemos tiempo de revertirlo. La historia de los idiomas demuestra que no importa qué salvaje haya sido un poder, jamás lograron imponer un lenguaje artificial al conjunto de los parlantes de una lengua natural.
 .



No hay comentarios:

Publicar un comentario

MITOS Y LEYENDAS

Artículos con una lectura diferente sobre los Mitos, Leyendas e Historias que nos han contado.

ALGUNOS TEMAS PARA COMPARTIR