
Los discípulos de Paracelso se dedicaron a la creación de un Homúnculo a través de la Alquimia, mientras que los cabalistas utilizaron el secreto nombre de Dios para crear un Golem, una figura de barro con vida propia.
Según perdidas fórmulas de la cábala, un rabino construyó un hombre artificial —el llamado Golem— para que éste tocara las campanas en la sinagoga e hiciera los trabajos pesados. No era, sin embargo, un hombre como los otros y apenas lo animaba una vida sorda y vegetativa.
Ésta duraba hasta la noche y debía su virtud al influjo de una inscripción mágica, que le ponían detrás de los dientes y que atraía las libres fuerzas siderales del universo. Una tarde, antes de la oración de la noche, el rabino se olvidó de sacar el sello de la boca del Golem y éste cayó en un frenesí, corrió por las callejas oscuras y destrozó a quienes se le pusieron delante.
El rabino, al fin, lo atajó y rompió el sello que lo animaba. La criatura se desplomó. Sólo quedó la raquítica figura de barro, que aún hoy se muestra en la sinagoga de Praga.
Este ser, también conocido como "Golem", se hizo popular en la literatura judía y alemana en el siglo pasado debido al simbolismo que emanaba de él.
El surgimiento del Golem se explica a partir de ciertos ritos, como oraciones y ayunos, practicados por sabios judíos para modelar a un hombre de arcilla amasada con agua pura. Sobre su frente se escribe la palabra "emet", que significa "verdad" en hebreo.
Al pronunciar el nombre divino, el Golem cobra vida, aunque no habla, pero entiende las órdenes y puede realizar diversas tareas. El Golem crece día a día hasta que, por el miedo que inspira, los habitantes de la casa borran la primera letra de su frente, dejando solo "met", que significa "muerto". En ese momento, el Golem se deshace y vuelve a convertirse en arcilla.
Si bien hay varios significados simbólicos asociados al Golem como la autonomía y rebelión contra la autoridad y el control opresivo. o el peligro de la creación descontrolada, ya que el ser creado por el hombre, puede escapar de su control. Para algunos encarna una dualidad entre la vida y la muerte, lo humano y lo inhumano y en algunas narrativas, el Golem es creado como un guardián o protector de la comunidad judía. Representa la necesidad de defensa y seguridad frente a amenazas externas.
La tradición mística del Golem está bien desarrollada dentro del judaísmo, presente en textos canónicos como el Talmud. Destaca la centralidad de la lengua hebrea, que es la que da vida al hombre artificial.
No se trata solo de magia, sino de una magia particular que otorga una fuerza especial, y más allá de ello, existe un interés en otorgar a la lengua hebrea un lugar destacado en el ámbito religioso, resaltando el poder creador del lenguaje en general y de la lengua hebrea en particular. Esto guarda relación con el hecho de que, según la creencia, Dios creó el mundo a través de un acto de habla.
Por eso, el Golem es asimilado como una figura que transmite otro mensaje adaptado a los códigos de la cultura hebrea, que destaca la trascendencia del lenguaje y la capacidad de los sabios para crear un Golem a partir de lo mejor del judaísmo. Aunque existen tradiciones similares en otras culturas, en ellas no se le da tanta importancia al papel del lenguaje, sino que se enfocan más en aspectos mecánicos.
El tratamiento del idioma en el marco del Golem tiende a su destrucción: destruir la lengua y utilizar diversas combinaciones de letras carentes de sentido. El aspecto mágico, la manipulación del material por medio de la falta de significado en una suerte de ritmo matemático: "ab", "ac", "ad". Lo que más resalta es que estas combinaciones de dos letras carecen de significado, no se trata de lenguaje comunicativo, sino de una especie de lenguaje matemático. Y en ese contexto, se parece mucho a la cibernética de hoy en día, que se basa en lenguaje binario y no en los significados.
La lengua vacía de significado le insufla fuerza a la misma. El poder no se halla en el ámbito semántico, sino parasemántico: la dimensión mágica, creadora. No es una magia que opere por encantamiento, que trate de persuadir, sino de otra clase: una magia que procura influir sobre la materia a través del lenguaje. Como todo mito, la historia no es verdadera, pero nos deja una enseñanza sobre la importancia del lenguaje y de la palabra.
Nuestra historia mítica refiere que hubo un tiempo en que existió una palabra de valor inestimable y con el tiempo acabo por perderse, siendo sustituida por otra. Pero como no hay muerte sin resurrección, la perdida de la palabra implica su recuperación posterior. No importa cuál es esa palabra, pues en realidad es una alegoría al verdadero objeto que es la búsqueda de la verdad, palabra esta que, casualmente, llevaba escrita el Golem en la frente.
Por lo tanto, la palabra es el símbolo de la verdad y todas sus modificaciones (perdida, sustitución y recuperación), no son sino componentes del símbolo que representa la búsqueda de la verdad. Buscando la verdad es cuando comprendemos que se nos escapa y entonces aprendemos a tener indulgencia con los errores de los demás. En adelante nos abstendremos de condenar practicando la tolerancia. Debemos saber callar delante de quienes no están preparados a comprender y, al hablar, procuremos más bien provocar la reflexión en lugar de querer convencer a toda costa.
La importancia de la palabra, está presente en todas las tradiciones, pero es en esta época de cambios donde es muy importante llevar un mensaje claro. Coincido con aquel poeta español que nos decía que cuando parece que está todo perdido nos queda la palabra. Pues, entonces la palabra surge de lo más profundo de uno mismo y en nuestro caso estructurada simbólicamente, lo que le da contenidos universales.
Lacan afirmaba que el inconsciente está estructurado como el lenguaje. Pero, ¿cómo se modifica nuestro inconsciente al incorporar el simbolismo como lenguaje?
Hay muchas ideas que debemos expresar para proporcionar una visión holística que se logra a través del simbolismo de un mundo que a primera vista pareciera fragmentado. Debemos comprender que la diversidad de culturas es una ilusión, ya que se trata de una diversidad de metáforas que expresan lo mismo. Existe un punto en el que todos los caminos se cruzan; este punto no es la civilización occidental, sino el espíritu humano que sigue las mismas leyes en todas partes y en todos los tiempos.
Ha llegado el momento en el que el Símbolo debe someterse a una prueba experimental. La palabra es un símbolo, nos comunicamos a través de los símbolos del lenguaje hablado y es por eso que la palabra tiene un gran poder. La palabra es el símbolo del pensamiento.
Alguien dijo una vez: "La verdad no se descubre, la verdad se inventa". Es en este momento cuando, gracias al poder creativo de la palabra, surgirá un nuevo ser humano, basado en principios, que a diferencia del Golem, pueda pensar por sí mismo, donde su crecimiento intelectual sea paralelo y armonioso con su crecimiento moral.