Hemos crecido con la idea de que hubo un tiempo dorado en el que toda la humanidad hablaba el mismo idioma y había alcanzado un alto nivel de conocimientos que les permitió construir una torre muy alta. Sin embargo, según la Biblia, Dios, preocupó por el progreso de la humanidad, castigó a los hombres creando diversos idiomas para confundirlos. Al no entenderse, no podemos continuar la obra y se dispersaron. A partir de ese momento, los hombres tuvieron que cumplir el mandato de llenar la tierra en lugar de concentrar en las ciudades, lo que condujo a un debilitamiento de su desarrollo.
Esta tuvo lugar en Babel o Babilonia después del Diluvio Universal, con el objetivo de tener un lugar elevado al que refugiarse en caso de que el fenómeno de construcción se repitiera. Esto sucedió cuando varias tribus se unieron para fundar un imperio y nombrar al primer rey conocido de la humanidad, Nimrod.
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TORRE DE BABEL |
La torre, cuyos restos fueron descubiertos a principios del siglo XX, tenía una altura aproximada de 90 metros y era un edificio piramidal de siete pisos. El último piso contenía instalaciones para el culto, decorado con ladrillos esmaltados en azul, imitando el color del cielo. Para su construcción se utilizaron ladrillos de barro cocido en lugar de piedras, lo que implicaba un alto nivel de conocimiento en el arte de la construcción.
Vamos a analizar tres aspectos de los muchos que tiene esta leyenda.
1. El nombre de las cosas
La idea de que hubo un tiempo en el que todos los seres humanos hablaron el mismo idioma no es exclusivo del Génesis, sino que también se encuentra en antiguos escritos hindúes y budistas. Todas las tradiciones sostienen que cada cosa y cada ser tiene su propio nombre verdadero, que expresa su esencia y su papel en el universo.
Para el llamado "hombre primitivo", no hay diferencia entre la cosa y la palabra que la representa. Existen palabras secretas, demasiado poderosas para ser utilizadas por aquellos que no están iniciados; hay palabras prohibidas y palabras que se utilizan para hacer hechizos. En su célebre libro "La rama dorada", Frazer observa que en muchas tribus "el nombre puede ser utilizado, al igual que los cabellos o las uñas, para ejercer magia sobre una persona".
La palabra es más importante de lo que parece, ya que tiene un gran poder para cambiar las cosas. Sin embargo, debemos recordar que nuestras palabras y acciones quedan registradas y debemos tener cuidado con lo que decimos y hacemos. En otras palabras, debemos ser discretos.
Nuestra historia mítica cuenta que hubo un tiempo en el que existió una palabra de valor inestimable, pero con el tiempo se perdió y fue reemplazada por otra. Sin embargo, como no hay muerte sin resurrección, la pérdida de la palabra implica su recuperación posterior. No importa cuál sea esa palabra en realidad, ya que es una alegoría al verdadero objetivo, que es la búsqueda de la verdad. Al buscar la verdad, comprendemos que se nos escapa y aprendemos a ser tolerantes con los errores de los demás y, al hablar, procuramos provocar la reflexión en lugar de intentar convencer a toda costa.
2. El autoritarismo
Esta leyenda es muy ilustrativa del enfrentamiento entre los imperios y la resistencia de los pueblos. Los imperios y regímenes autoritarios acompañan su conquista con el lenguaje, la cultura, la religión y la ideología. Hay lenguajes de los imperios y lenguajes de la resistencia. Y los papeles cambian a medida que la historia avanza, llegándose a trastocar los papeles.
Babilonia fue el primer gran imperio. Sus reyes dominaron a muchos pueblos, les cobraban tributo, les imponían su lenguaje y religión. Eran depredadores de las culturas, como lo han sido todos los imperios. Como estrategia de conquista desterraban a su capital, Babilonia, a los líderes de la resistencia para separarlos de los sectores populares y debilitar la protesta de la gente.
Los imperios, como todo gobierno autoritario, han tratado siempre de establecer como eternas y universales sus verdades. Los reyes babilónicos pretendían que el mundo entero hablara su misma lengua, con las mismas palabras. Este es el sueño de todos los arbitrarios, destruir la diversidad popular.
Establecer el más férreo control de lo que se piensa y de lo que se dice. Aspiran a un discurso único, el suyo, el de los poderosos. Nada ha cambiado. Hoy significaría el control de los medios de comunicación. El pensamiento único es el objetivo de los gobiernos autoritarios para imponer la cultura económicamente dominante.
Las grandes torres, como después las grandes iglesias, y luego los grandes estadios deportivos, eran construcciones orientadas a provocar el temor y encantamiento de la gente. Los babilonios construyeron una torre escalonada con la función de acercar a los sacerdotes o soberanos a los dioses celestiales, para reclamar en nombre de ellos sus deseos y conveniencias apelando a la culpa por los pecados cometidos. Nada ha cambiado. Hoy los cortesanos reclaman en nombre de los desposeídos, apelando a la culpa de los que algo tienen.
El pueblo hebreo sufrió la conquista, el cautiverio en babilonia de sus dirigentes y la segunda destrucción del templo de Salomón, que era el lugar en la tierra que habían creado para cobijar al Arca de la Alianza. Es natural que cuando escriben en la Biblia su visión de la historia, se revelen contra los babilonios, su idioma y su cultura, al igual que contra la torre de babel, símbolo de la arrogancia y la religión de sus opresores.
Es por ello, que su Dios castiga el pecado de arrogancia de los opresores quitándole el monopolio de la lengua y del discurso. Por otra parte, pone el progreso de la Humanidad en la separación y diferenciación de los pueblos. Lo cual es lógico, quiere la separación e independencia del pueblo hebreo respecto del babilonio. Eso es el lenguaje de la resistencia.
Los pueblos que han perdurado han sabido defender su cultura, enfrentando el pensamiento único de los grupos dominantes del momento, cuestionando sus certezas. Para hacer eso debemos mirar en nuestro interior, pues allí donde encontramos las dudas, van a aparecer las respuestas.
3. La Globalización
Esta leyenda nos muestra cómo la creencia en un único lenguaje puede llevarnos a pensar que seremos más eficientes y viviremos mejor. En la actualidad, con el auge de las comunicaciones, hemos tomado conciencia de la unidad de la humanidad y presenciamos un modelo de producción unificado en todo el mundo, lo que está llevando a la integración económica de diferentes países y regiones, estrechando cada vez más los márgenes de maniobra a nivel nacional. Sin embargo, este modelo también produce la integración transnacional y la desintegración nacional y regional de manera simultánea.
Los movimientos civilizadores han homogeneizado las diversidades culturales con el falso argumento del progreso. Es importante que respetemos lo que es diferente y comencemos nuestro camino desde el punto en el que la Globalización lo abandona: el ser humano. La Globalización es simplemente un sistema económico que va en contra del humanismo, en beneficio de la producción y el consumo.
Por eso hablamos de una fraternidad universal que trasciende las diferencias raciales, religiosas o políticas. El camino consiste en unirnos para participar en el progreso de la Humanidad, pero sin renunciar por ello a la originalidad de nuestras convicciones.
Buscamos aprender a vivir juntos, no a pesar de nuestras diferencias, sino gracias a que somos diferentes, intentando ofrecer a todos los seres humanos dispersos por la tierra lo esencial de nuestro lenguaje, claramente señalado en los principios de tolerancia, libertad, igualdad y fraternidad. Recordando que la unidad no implica uniformidad, y que es posible y necesario tener unidad en la diversidad.