Derecho al Pan y Circo



Es una expresión latina peyorativa, de uso actual, que describe las prácticas de los gobernantes que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, recurren a la fácil pero efectiva receta de proveer al pueblo alimentos y entretenimiento para mantenerlos como leales aliados, mientras ellos se enriquecen y detentan el poder.

Esta frase deviene del siglo I, pertenece al poeta romano Juvenal y se encuentra en su famosa “Sátira X”, donde describe la costumbre de los emperadores de regalar trigo y entradas para los juegos circenses. En su contexto, la frase fue un llamado de atención al pueblo romano, por haber olvidado su derecho de involucrarse en la política. Juvenal muestra su desprecio por la decadencia de sus contemporáneos romanos.

Los intelectuales y opositores de todos los tiempos han denigrado al pueblo, acusándolo de haberse vendido al gobierno de turno por unas migajas, desinteresándose de la política y permitiendo la corrupción y el enriquecimiento de los grupos dominantes. Aducen que si el pueblo se ilustra, participa y reclama sus derechos mejoraría su situación y tendría más derechos. Reclaman a las autoridades la búsqueda medidas que  forjen valores en la sociedad, en vez de la degradante escalada de mal gusto y superficialidad que algunos grupos empresarios, medios de comunicación y gobiernos predican, promueven y financian.

Julio César mandaba distribuir el trigo gratuitamente, o venderlo muy barato, a los más pobres, unos 200.000 beneficiarios. Tres siglos más tarde, Aureliano continuaría la costumbre repartiendo a 300.000 personas dos panes gratuitos por día.

Esta asistencia, era y sigue siendo muy valorada entre los desposeídos, que no entienden ni les interesa la verdadera intención del donante. Para ellos ese pan, a veces el único alimento para su familia, es vital y lo agradecen sin hacer preguntas. Y ese agradecimiento significa corresponder con el voto o el silencio, porque el hambre no tiene sentido de clase y el hambriento no tiene tiempo de analizar si tras esa acción hay intenciones retorcidas.

Los gobernantes precisan el favor popular y la única forma de alcanzarlo es entregando a título personal, pero a costa del Estado, estos regalos. Y qué mejor que algo que calme el hambre producida por sus mismas administraciones; y además un poco de diversión gratuita.

En la Roma antigua, más de la mitad de la población no trabajaba ni percibía dineros por la práctica de un oficio esporádico. Vivían en feudos de sus señores o eran parcialmente mantenidos por ellos. Aquellos que trabajaban quedaban libres después del mediodía, por lo que había mucho tiempo para el ocio, lo que preocupaba a la clase gobernante porque eso implicaba que la gente pensase en su situación y reclamase políticas públicas, o condenase la vida privada de los gobernantes. Las actividades agrícolas y la mayoría de los oficios estaban a cargo de sus esclavos y siervos, por lo que el dinero abundaba y el tiempo sobraba.

El Circo, junto con el Teatro y el Anfiteatro, formaban la trilogía del ocio y la cultura romana y llegaron a ser el centro de todas las actividades de las ciudades romanas, en las que participaban desde el Emperador hasta el último de los ciudadanos. Los festejos solían empezar a la mañana para finalizar a la puesta de sol. En los Teatros se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas. En el Circo había carreras de carros y de caballos. En los anfiteatros y coliseos había peleas entre personas, grupos, animales, barcos, etc. Por supuesto había apuestas.

Hasta hace poco tiempo, la televisión, internet, los deportes, el juego de azar sustituían los entretenimientos de la antigua Roma. Actualmente algo cambió: las redes sociales no solo nos brindan entretenimiento, sino una información dirigida y personalizada por inteligencia artificial, pensada para que cada uno actúe según los intereses de los controladores. Ahora cuando leemos, nos leen, analizan nuestras emociones ante cada noticia y nos informan en consecuencia. Nos informan qué camino tomar y orientan nuestras compras. Hemos perdido el control de nuestras vidas.

De todos modos, en cuanto a que los gobiernos ofrezcan, “pan y circo”, no parece ser algo que deba verse despectivamente en la medida que entendamos como “pan” todo lo que necesitamos para vivir dignamente: no solo el alimento equilibrado nutricionalmente, sino la salud, educación, vestimenta, techo, libertad y recreación! (o sea al “circo”) como una necesidad básica de toda persona y necesario para una sociedad sana. Y si incluye la práctica de un deporte, mejor. Y si contiene un poco de consuelo, un poco de atención a las pocas cosas buenas que da la vida y que todavía se pueden disfrutar sin tener plata, que son el arte, el pensamiento, la canción, la literatura, el amor por los chicos, el amor de los enamorados, sería aún mucho mejor.

Entonces, ¿por qué va a ser malo o despreciable que todo ser humano reciba “pan y circo”?

Por supuesto que no a todos les alcanza con tener las necesidades básicas satisfechas, ya que necesitan desarrollarse personalmente, pero es más fácil y posible hacerlo teniendo cubiertas las necesidades fundamentales y no teniendo que luchar diariamente por la supervivencia. Esa minoría no me preocupa, ya que seguramente sabrá encontrar su camino, seguirá pensando, y transmitiendo esas cosas que han pensado tipos que han sabido usar la cabeza a lo largo de los siglos.

Alarma que estemos lejos de garantizar las libertades y derechos que merece toda persona para vivir su vida en libertad, igualdad y dignidad tal como acordaron todos los países en la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1947. El derecho a la alimentación se funda en los artículos 3 y 25 de esa declaración. La inmensa mayoría de las personas no llega siquiera a tener las necesidades alimentarias satisfechas, aun con bolsones de comida y planes asistenciales hay 800 millones de hambrientos y 500 millones de obesos por mala alimentación.

Preocupa que la alimentación tradicional fuera sustituida por alimentos altamente procesados y han aumentado las enfermedades. Inquieta que la política de “estado de bienestar”, que pretendía cubrir las necesidades de “pan y circo”, fuera reemplazada por otra basada en la división y enfrentamiento de la ciudadanía por motivos raciales, religiosos, de inmigración, políticos, etc. Pero siempre con odios contra el amigo, pariente, vecino, para dividir, alentado desde las redes sociales, haciendo ver que lo que a él le falta es porque se lo están llevando otros sin esfuerzo. La idea de la independencia humana es un mito, la realidad es que los humanos somos interdependientes. De hecho esa es la clave de nuestro éxito como especie. Imaginemos un mundo organizado, no en base a la competencia por recursos escasos, sino con el objetivo de satisfacer las necesidades de todas las personas.

Tecnológicamente podríamos lograrlo ya que es la primera vez en la historia que los alimentos alcanzarían para cubrir las necesidades de todas las personas. Los niveles de productividad alcanzados permitirían satisfacer las necesidades básicas a toda la humanidad sin requerir que esas personas trabajen como compensación. La vida es una organización simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian.



El camino está marcado, pero no el modo de recorrerlo.



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