Cain y Abel (Sedentario o Nómade)


En el Génesis se cuenta la historia de “Caín y Abel”, dos hermanos que representan la primera diferenciación en los dos tipos de sociedades que han existido desde los orígenes de la presente humanidad. En el mundo simbólico de la Biblia, Caín  representa al “agricultor” dedicado a la cultura de la tierra y símbolo de la sociedad sedentaria y Abel como “pastor” simbolizando las nómadas.

Puesto que Caín es designado como el primogénito, la agricultura parece tener una cierta anterioridad y, de hecho, Adán desde antes de la “caída” tenía como función “cultivar el jardín”.

La forma de vida de los nómadas se relaciona con el reino animal, móvil como ellos, sujetos a continuas peregrinaciones y necesitados de un amplio territorio para moverse con su ganado, en un tiempo siempre cambiante porque sus realidades son inestables; la de los sedentarios por el contrario son como el vegetal, fijo por naturaleza y necesita sólo un sitio donde asentar su vida durante un tiempo, que se le aparece siempre idéntico e indefinido.

Estas dos expresiones simbólicas tienen su correspondencia en la fórmula alquímica solve et coagula. El pastor disuelve en el espacio su errante vida, sin procurarse ataduras ni construcciones permanentes que le impidan trasladarse de un sitio a otro. El agricultor coagula, comprime su vida y termina edificando ciudades, construyendo templos, en una palabra, restringiendo su vida a un espacio limitado. El arte de los pastores es la música y la poesía; el de los agricultores es la arquitectura y las ciencias.

Los descendientes del estilo de vida de Caín, coagulados en un espacio, expresan sus símbolos artísticos de modo visual, que se caracteriza por la simultaneidad (la pintura, por ejemplo, o la escultura); en el caso de los de Abel, la expresión es sucesiva (la música, por ejemplo, o la poesía), lo que evidencia una diferencia notable: la visualización simultánea se realiza en el espacio, mientras que la sucesiva se consuma en el tiempo. En este supuesto existe una suerte de inversión de esta antinomia porque los nómadas tienen la referencia espacial y los sedentarios la temporal. El resultado real es que los que trabajan en el espacio terminan modificados por el tiempo, mientras que los que trabajan en el tiempo terminan estabilizados en el espacio.

Todos sabemos que Cain mató a Abel. Que ha cometido fratricidio. Pero sabemos también que en la humanidad se ha impuesto el modo de vida sedentario y ni siquiera los pueblos originariamente nómadas han mantenido su estilo de vida, por ejemplo los hebreos, pastores y con predilección por Abel, lo perdieron a partir de los reyes David y Salomón, constructores de templos y palacios que son las evidencias propias de los descendientes de Caín, constructor de ciudades y de instrumentos de trabajo que aliviaban las duras condiciones laborales de sus semejantes. Con el sedentarismo perdieron los hebreos hasta el significado original de Los Tabernáculos.

Como los que ganan hacen su propio relato de la historia fue necesario encontrarle una interpretación al fratricidio. La masonería suele dar la versión más favorable para el homicida, destacando los aspectos personales y familiares de este episodio; se puede consultar la obra El Secreto Masónico, p. 41, (ed. Martínez Roca, Barcelona 1987), del Gran Maestre Robert Ambelain, quien basándose en una enseñanza talmúdica explica que, habiendo sido Caín un hijo bastardo nacido de la infidelidad de Eva que copuló con el Dios Iblis, fue repudiado por Adan y por el Dios Adonai, a quien el Innombrable encomendó la administración de los elementos Tierra y Agua, y a Iblis los elementos Aire y Fuego.



En esta disputa entre dioses y hombres, Caín debió soportar el rechazo de su padre y de su Dios, pagando por el pecado de su madre. Por ello, cuando los dos hermanos ofrecieron a Adonai sus ofrendas, la columna de humo que se levantó tras la quema sacrificial de los primogénitos del ganado de Abel, agradó a Adonai, mientras que los frutos de la tierra obtenidos con mayor esfuerzo por Caín, una vez quemados generaron un humo negro que se arrastró sobre la tierra sin elevarse. Ante tanta persecución e injusticia, mató a su hermano para liberarse de tan pesada carga.



Reunir lo disperso, coagular, esa es la tarea de los sedentarios, de los Cainitas, de los agricultores y obviamente de la Masonería. Todo comenzó con la unión de todos los Dioses de la antigüedad en un solo Dios. Fue, Akenatón (Amenhotep IV) el Faraón monoteísta, quien primero propuso la idea de un único Dios. Y creo una casta sacerdotal para atenderlo.

La salida de los hebreos de Egipto, tal como se describe en la Biblia, tiene su correspondencia con la expulsión a Canáa, de los habitantes monoteístas de la ciudad de Aket-Aton, hacia 1344 A.C. Los egipcios, no se llamaban hebreos sino «yahuds» (adoradores de Faraón), que fundaron más tarde el reino de Yahuda (Judea). Para algunos Akenatón no era otro que Abraham: la Biblia, al hablar de Abraham, respeta el orden cronológico de la vida del faraón monoteísta y refleja su biografía (su sacrificio, la ruptura con el politeísmo, la destrucción de los ídolos, la separación política y religiosa entre él y su padre, las intrigas entre sus esposas) en perfecta sintonía con la egiptología.

Sigmund Freud, fascinado por Moisés, tuvo el presentimiento de que si Moisés fue egipcio, si transmitió su propia religión a los judíos, fue la de Akenatón, la religión de Atón. Basándome en la opinión de Freud, (ver Obras completas, capítulo sobre Moisés), es Moisés, el sacerdote del templo de Atón que escapa a la caída del culto monoteísta que se había implantado en la época anterior a Tuthankamon.

Así, la famosa “Tierra Prometida” de Israel, que en esas fechas históricas era una provincia del Imperio Egipcio, será el lugar fronterizo a donde escaparán Moisés, los levitas sacerdotes de Atón, y sus familias, seguidos por una guardia militar que les cubre la retaguardia, para escapar de la persecución de los nuevos Faraones que son apoyados por las castas sacerdotales de los cultos  que habían sido desplazados por el monoteismo, y que por ello, habían visto perder sus poderes, sus impuestos y sus comodidades.

En el orden político también se tendió a la unificación y de los varios Jueces que regían los destinos del pueblo Israelí, se unificaron en un solo Rey siguiendo después a la casa de David. Se pasó entonces a un solo Dios, un solo Rey, un solo pueblo, una sola capital Jerusalén y un solo templo (el de Salomón).

Pero, la ambición de los sedentarios no se detuvo tras conseguir lo que desearon. Ya con sus ciudades pobladas en número creciente, las extendieron y para hacer frente a los problemas generados se inventó un organización social como la democracia. Primero trasladaron a las tribus nómadas a las ciudades y luego esa inacabable intención colonizadora se extendió por todas partes y borró de la historia a los pueblos aborígenes de América sometiéndolo a su Dios, a sus costumbres y a sus reglas jurídicas, sin haberse preguntado una sola vez si tales pueblos estaban dispuestos a cambiar de dioses, a mudar sus hábitos milenarios y a sustituir una puesta de sol en un horizonte ilimitado por una habitación urbana, estrecha. Sometida la vida nómada por la sedentaria, el resultado es que se repite el simbolismo del fraticidio bíblico. Ha vencido como siempre y desde aquel origen cosmogónico el maldecido, vertiendo la sangre del bendecido Abel.

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