CONCILIO DE TRENTO

El Concilio de Trento se llevó a cabo a mediados del siglo XVI (1545/1564) con la reunión de las principales autoridades de la iglesia católica y los reyes de los estados católicos (Carlos I de España y V de Alemania y Francisco I de Francia). Esto pone de manifiesto la importancia política del evento, ya que involucraba a dos poderes, el Sacerdotal y el Real. Todos ellos estaban preocupados por el caos espiritual generado por la Reforma Luterana, que había puesto de manifiesto la corrupción de la jerarquía eclesiástica, la aparición de la Reforma Calvinista en el norte de Europa y los musulmanes entrando en Europa a manos del Imperio Turco Otomano (Suleiman).




La principal intención del concilio fue la unificación común contra las religiones adversarias. Para ello se necesitaba una reorientación general de la Iglesia Católica, un contraataque, una Contrarreforma. ¿Quién hubiera podido imaginar que sería un papa inmensamente rico como Paulo III, que se había hecho construir un suntuoso palacio con alegorías paganas, el que finalmente reformaría la Iglesia?

Además de la resolución de cuestiones doctrinales, teológicas y disciplinarias fundamentales para los católicos romanos, el Concilio también impartió entre sus dirigentes un sentido de cohesión y dirección que se convirtió en un elemento esencial para la revitalización de la Iglesia durante la Contrarreforma, sumado al poder del dinero obtenido de la conquista de América y obviamente se crearon las bases para la evangelización de los territorios recientemente descubiertos. Se decidió la eliminación de todas las religiones y la cultura de los pueblos originarios americanos para ser substituida por la Católica, Apostólica, Romana.





Finalmente se fijó el Concilio, en la ciudad de Trento, cercana a Roma, dentro de los límites del Imperio Romano Germánico, pero fuera del suelo Papal y con esto la Iglesia esperaba poder simular que convocaba al debate a los mismos reformistas que reclamaban por el concilio por más de 15 años. Sin embargo, desde el inicio se sabía que no sería un concilio de unión, sino de reforzamiento del sector de la Iglesia y de los Reyes fieles a Roma. Era tiempo de cerrar filas. De subir la apuesta. Para que esas casas reales reinen para siempre, el Concilio les otorgará el don de reinar por la Gracia de Dios, esto fue el origen de los regímenes absolutistas.

Carlos I de España y V de Alemania queda como defensor del catolicismo ante el resto del mundo. Se rehabilita la inquisición para acabar con los herejes aparecidos recientemente. De hecho, la oscura fama del Santo Oficio se debe a este período de gran persecución hacia los infieles, herejes, protestantes en Europa y sacerdotes e intelectuales de los aborígenes Americanos.
Ya en las primeras sesiones, los padres conciliares enfrentaron la ardua tarea de fijar los puntos del dogma impugnados por los reformistas. Los decretos del Concilio, confirmados por el Papa Pío IV el 26 de enero de 1564, fijaron los modelos de fe y las prácticas de la Iglesia y definieron con precisión sus dogmas esenciales hasta mediados del siglo XX. El Concilio de Trento fijó los siguientes puntos:

     La Iglesia católica reconoce como fuentes de la fe a las Sagradas Escrituras y la Tradición (es decir la obra de los Padres de la Iglesia) y se reserva el poder de interpretar las Escrituras, en contrario a la libre interpretación de la Biblia que esbozaron los protestantes. La Biblia será de uso exclusivo para la curia Católica. Los creyentes no podían leerla. Por el contrario para Lutero la «sola Escritura» era la única fuente de la Revelación y su interpretación correspondía a cada fiel en particular, directamente inspirado por Dios.

     Aunque la justificación es obra de la gracia de Dios, el hombre puede prepararse para la gracia o rechazarla; y las buenas obras son el complemento necesario de la fe, los protestantes promulgaban que la salvación del alma venía de la mano de la fe, y no de las obras como las ofrendas y peregrinaciones. Obviamente no querían perder las ofrendas. Se afirma el culto a la Virgen y los Santos como ejemplos y testimonio de vida cristiana.

     Los 7 sacramentos son de institución divina frente al rechazo protestante de los sacramentos cristianos. Algunos opinan que los sacramentos son una excusa para una intromisión de la curia en los momentos más importantes de la vida de las personas.

     La misa es un verdadero sacrificio, que actualiza el de Cristo en la cruz. En la Eucaristía, Cristo está realmente presente, bajo las apariencias de pan y vino, su cuerpo y su sangre, los protestantes no creían en esta trasmutación de Jesús, ya que Lutero afirmaba que era una representación. El punto importante es crear un conjunto de reglas dogmáticas e incuestionables que han de seguirse sin objetar. El objeto es formar personas obedientes.

     La Iglesia es esencialmente jerárquica y el sacerdocio una institución divina, los protestantes criticaron la situación espiritual de privilegio. Este es un tema importante porque pone al clero por encima de los laicos, ya que los sacerdotes serían los intermediarios entre Dios y el creyente. De este modo los sacerdotes son los guías que dicen lo que hay que hacer, e impiden que la gente preste oídos a su voz interior.

Toda esta enseñanza doctrinal planteada en el Concilio de Trento fue resumida en una profesión de fe aprobada por el entonces Papa Pio IV al finalizar las sesiones en el que se mantuvo el dogma y se confirmó al Papa como el líder de la cristiandad. La creación de seminarios hizo que el clero tuviera una mejor educación y se estableció el catecismo para formar a los católicos sin que leyeran la Biblia. Se prohíbe la misa en lengua vernácula, pero se recomienda la homilía en dicha lengua.

La obra pastoral y disciplinaria de Trento fue trascendente y duró hasta mediados del Siglo XX.  Así, entre otras cosas, los párrocos y obispos debían residir en el lugar que poseían a cargo, los obispos debían predicar y hacer que sus sacerdotes prediquen, esto puede sonar simple ahora, pero en aquel entonces los obispos no eran sino príncipes terratenientes de escasa ocupación, en todo caso, ninguna ocupación espiritual. A los religiosos se les obliga a la vida en común y a las monjas la clausura.

En el aspecto pastoral, el Concilio de Trento dictó normas contra el concubinato de los clérigos y  se propuso revisar y reformar los casos de abusos escandalosos relacionados con la vida del clero y de los obispos. No tuvo mucho éxito, ya que ese tema sigue vigente, sobre todo con los pedófilos.

Con el sacramento de la confesión de los pecados se pretendía que los sacerdotes estén informados de lo que sucedía, juzgaran los actos humanos y les dieran respuestas a los creyentes a sus oraciones. Desconociendo  que las oraciones más efectivas no son hechas por las palabras que pronunciamos, sino por el silencio que guardamos. Pero esa medida fue pensada para la confesión de la nobleza a fin de dirigir su accionar como consejeros, tarea que les fue encomendada a los Jesuitas, una Orden formada por los intelectuales de la Iglesia.

Ahora bien, como la Iglesia nunca toleró un poder secular superior al suyo, intrigaba con los reyes, a fin de arrastrarlos a la guerra y debilitarlos, posibilitando así el triunfo de su propia causa. Es así como la iglesia toma un gran poder al aliarse a las monarquías y a la nobleza, estableciendo su control de las cortes, sustituyendo a sus enemigos intelectuales, sabios, artistas con los "ilustrados jesuitas", autores intelectuales de la nueva forma de la Inquisición, dirigida por el llamado "Tribunal Supremo" del Santo Oficio.

Consecuencias del Concilio y nacimiento de la Masonería

La alianza entre el clero y la nobleza, fijando posiciones dogmáticas, alejadas del interés del naciente capitalismo trajo consecuencias económicas y políticas, ya que hizo que el tercer grupo de poder formado por los intelectuales, artistas y científicos desplazados y perseguidos por la curia se empezaron a agrupar en instituciones. Leonardo de Vinci con un grupo de amigos artistas italianos pertenecientes a las agrupaciones de las Academia de Milán y Florencia se fueron a Paris y se unieron con una corriente técnico-científica que propugnaba la creación de un estado moderno. Formaron en 1517 la primera agrupación de la Francmasonería francesa, al estilo de la de Milán y con los fines que se habían propuesto los organizadores de aquélla. Esta agrupación, por primera vez tomó el nombre de "Logia Francmasónica".

Para actuar públicamente en relación de sus fines de enseñanza superior, lo hacían bajo el nombre de "Colegio Francés". La denominación de "Colegio", en lugar de Academia tenía un significado más preciso, ya que no significa solamente el lugar donde se imparte enseñanza, sino que indica que los agrupados están coligados o unidos por algo que les es común, y que en este caso eran precisamente sus propósitos de lucha.

La característica principal de la labor francmasónica francesa consistía en que sus componentes no se conformaban con clasificar el saber adquirido, sino que se dedicaban a la observación directa de los fenómenos de la Naturaleza y a la experimentación, con el fin de poder encontrar las leyes por las que se rige, siguiendo así el método aceptado desde entonces como método científico.

Los francmasones franceses en una Asamblea General se reunió en París en el año de 1523 para redactar una Constitución, donde se precisaba la forma de organización y los objetivos ideológicos  que debían regir las agrupaciones de la Francmasonería Universal, diferente a las que se habían fundado, como cofradías, por iniciativa o inspiración del clero. Esta Constitución fue formulada dos siglos antes que la de la masonería inglesa de Anderson.

Bibliografia
Venard, M.: Los Comienzos del Mundo Moderno, El Mundo y su Historia, Editorial Argos, Barcelona, 1970. / Martin Luther: Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum, 1517 / Concilio de Trento, Documentos del Concilio de Trento.
https://factoriahistorica.wordpress.com/2011/08/26/el-concilio-de-trento/

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