PASCUA - PESAJ - PASO


No todos los días son iguales. Hay días más propicios que otros para ciertas actividades. Hay días para cambiar, para dar ese primer paso en conectarnos con nuestro verdadero yo, siguiendo los dictados de nuestro corazón y nuestra alma.

Para los antiguos paganos el comienzo de la primavera marca el comienzo de un nuevo ciclo. La Pascua (PASO) donde los católicos conmemoran la Resurrección de Cristo, es decir, el PASO de la muerte hacia la vida eterna, establecido en el Concilio de Nicea para el primer domingo de luna llena después del equinoccio. Los cristianos, por medio de la fe, ven en la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, un nuevo nacimiento, una esperanza de poder caminar en una nueva forma de vida.

Jesús identificó el pan como su cuerpo antes de ser sacrificado y la copa de vino como su sangre derramada. El apóstol Pablo, sobre la celebración de la Pascua dice:
Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.
Está claramente incitando a volver a ser íntegros, sin ataduras, a prestarle el oído a nuestra voz interior y no a la de aquellos que nos dicen los que tenemos que hacer.

La Pascua Judia (Pèsaj en hebreo) representa el cruce del Mar Rojo, es decir el PASO de la esclavitud hacia la libertad. Establecido para el 15º día del mes lunar de Aries, donde según la Kabalá ocurrió el momento de la creación y cíclicamente todos los años se recrea esa energía inicial que permite comenzar. En aquel momento, la espectacular energía de fuerza de Luz (energía de compartir) fue liberada en el cosmos. El objetivo de Pésaj era propagar en el universo, esa infinita energía de compartir. Moché les dio las herramientas a los israelitas para aprovechar esta maravillosa energía que sólo está disponible en la noche de Pésaj. La idea es transformar el deseo de recibir para uno mismo, en el deseo de recibir para compartir, sabiendo que de nada sirve ser luz si no podemos iluminar el camino de alguien.

El concepto de libertad del yugo egipcio se refiere a una esclavitud interna, no física. Se trata de utilizar esa energía disponible, para recuperar la confianza en nosotros mismos y no estar influenciados por nuestros miedos, ni por las acciones u opiniones de otros. Que el “qué dirán” ya no nos condicione.

Que el “yo” interior y “esencial” que llevamos dentro, logre salir de su exilio y expresarse.

En los días de Pascua está en el aire, esa energía primordial, que nos permite aventurarnos en el desierto desconocido y salir de la comodidad de nuestro Egipto.

Tenemos entonces la oportunidad de controlar nuestro destino. Porque la salida y la liberación son personales, pero de nada valen si soy incapaz de extenderle una mano a mi hermano para que también deje atrás a su propio Faraón.



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