UNIDAD EN LA DIVERSIDAD


Una de las ideas centrales de la sabiduría es la idea de la unidad de todas las cosas, de la unidad en la diversidad.

Es muy difícil encontrar un símbolo que se relacione con la unidad, debido a que estamos acostumbrados a trabajar con problemas complejos y por lo tanto a percibir la diversidad y la multiplicidad. Nos acostumbraron a ver el árbol, no el bosque.

El mundo está fragmentado en millones de fenómenos separados y sin conexión. Los esfuerzos hechos para re-ligarlos, no llevan a nada, porque no podemos reedificar la idea del Todo partiendo de hechos aislados, y no podemos adivinar los principios de la división del Todo sin conocer las leyes sobre las cuales se basa esta división.

Por cierto, la idea de la unidad de todas las cosas existe también en el pensamiento racional, pero su relación exacta a la diversidad no puede jamás ser claramente expresada por palabras. Siempre queda la dificultad del lenguaje. Un lenguaje que se ha formado al expresar impresiones de pluralidad y diversidad, no puede jamás transmitir con claridad la idea de la unidad.

Nos cuesta mucho encontrar en el exterior la idea de unidad, pero es más fácil encontrarla en nosotros, pues todo ser pensante tiene el sentimiento de que es uno.

Esta unidad que está en nosotros se manifiesta en nuestra manera de actuar, de pensar y de sentir. Saliendo del plano individual podemos extenderlo a unidades más abarcativas, reconociéndonos entonces como argentinos, sudamericanos o simplemente humanos.

La unidad que engloba toda existencia pasada, presente y futura está pues ligada a la multiplicidad. Antiguamente se utilizaba al Océano como símbolo del TODO INDIVISIBLE, pues era considerado como la unidad de las infinitas gotas individuales que en él están contenidas.

La humanidad toda, como un TODO INDIVISIBLE, puede ser entonces considerada como la unidad de las infinitas personas que han vivido, viven y vivirán en nuestro planeta.


Pensemos en los ideales  de fraternidad universal, de defensa de los derechos humanos que han pretendido presidir  la vida colectiva, tratando de evitar que la diversidad, en sus manifestaciones siga conduciendo a los enfrentamientos,  las luchas,   la intolerancia y el fanatismo, que son manifestaciones del fracaso humano para integrar la  unidad y la diversidad reales.

En efecto, la humanidad puede considerarse una, como especie viviente, y a la vez, diversa en sus expresiones culturales, religiosas, en los modos de resolver los problemas que plantea la existencia. Un poco más de conciencia de tal complejidad nos ayudaría  a hacer del mundo un lugar  mejor donde vivir.

San Agustín dice “toda la especie humana que había de ser la posteridad de Adán a través de la primera mujer, estaba presente en el primer hombre”. Del mismo modo en hebreo “Adham” es hombre y humanidad en uno.

En el mito de la caída está simbolizada la idea de la división de la humanidad en distintas razas, religiones y países. Pero esa idea que se manifiesta en el mundo exterior contrasta con la idea de unidad que está alojada en nosotros y si observamos con detenimiento vemos que la humanidad está actualmente tendiendo aceleradamente a la reunificación.

Pero este proceso de unificación puede realizarse de varias maneras. Una de ellas es el proceso que algunos han denominado globalización pero que tiende peligrosamente a instaurar un régimen de pensamiento único, donde se impondría la cultura económicamente dominante. Ese sería el fin de la historia. Donde se anularían los aportes que pueden enriquecer a la humanidad las diferentes culturas.

Otro camino es el de unirnos para participar dentro de las líneas de progreso de la Humanidad, pero sin renunciar por ello, o a cambio de ello, a la originalidad de nuestras tradiciones. Sin renunciar a la diversidad.

Para ello tenemos que buscar en principio la unidad de los países hacia un modelo de desarrollo integral, común, solidario, de autodeterminación junto a una complementación entre ellos que permita revertir una larga historia de desigualdades y desencuentros.

Sin embargo, no es el camino que se ha tomado. La complementación entre los países se limita casi exclusivamente al plano de las relaciones financieras y comerciales, y se excluye prácticamente toda instrumentación referente a los aspectos sociales, tecnológicos, ambientales, y económicos

Estos acuerdo no significa integración, puesto no existe articulación y complementación efectiva entre los países intervinientes.

Dada la gran concentración económica en pocas manos, aquellos que dirigen nuestros destinos continuamente manifiestan la firme determinación de “abrir las economías al mundo”, de fomentar políticas de exportación y de liberar al “mercado” (es decir a las grandes empresas) el potencial planificador, para que estas consoliden su predominio en los mercados locales, racionalizando en su exclusivo beneficio la explotación de los recursos.

Difícilmente se pueda interpretar este hecho como casual.
  
La posibilidad ahora existente de fabricar en una región y vender en otra, fue separando al productor del consumidor y creando inseguridad a los trabajadores. Ya no es necesario que el productor tenga los ingresos suficientes para poder comprar. Por lo tanto los salarios pueden ser lo más bajos posibles para reducir los costos de fabricación, pues no son necesarios para comprar dichos productos, ya que van a ser vendidos en otro lugar.

Hoy en día, el 70% de la comida que se consumen en el mundo, es producida por sólo 10 corporaciones. El nivel de concentración es enorme. El 1% de la población mundial tiene el 99% de los recursos. Solo 8 (ocho) personas tiene más capital que la mitad más pobre de la población mundial (miles de millones de personas).

Las consecuencias los estamos viviendo hoy y los vamos a padecer aun más en el futuro, pues se ha fomentado la formación de polos exportadores (Singapur, China, San Pablo, Bs.As.) que tienden a acentuar las desigualdades regionales, (zonas ricas, más ricas y zonas pobres, mas pobres), y además fomentan la desintegración de los espacios nacionales, pues dichos polos afianzan su articulación con los países centrales, desintegrándose aun más de la dinámica regional.

Obviamente partimos de objetivos diferentes del modelo a alcanzar. Es muy diferente formar un mercado regional, como un paso a la apertura comercial hacia el mundo, a integrar países respetando nuestra forma de pensar, actuar y sentir.

Por eso es necesario aclarar estas diferencias antes de que sea tarde,

Pero, para ello es necesario previamente hacernos carne la idea de unidad de la humanidad, recordando que unidad no significa uniformidad y que puede y debe haber unidad en la diversidad.


Es necesario entonces, que pongamos arriba de la mesa la urgente tarea que significa unirse y poder entonces imaginar juntos el futuro. No para estar juntos a pesar de todo, sino para estar juntos en el sentido de restablecer perdidos vínculos comunitarios, para imaginar un proyecto de vida diferente.

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