Como enfrentar la crisis


Uno de los efectos perversos de la crisis es, sin duda, la desesperanza que está afectando a la mayoría de las personas. Nace de la angustia de no ver ninguna solución salvadora y se produce en la sociedad el cansancio y la pérdida de la alegría de vivir.

Si bien es fácil coincidir en que hay una crisis económica y social, existe además una tercera crisis de la que poco se habla y es la crisis de nuestra manera de pensar en forma crítica, que es la que nos impide resolver las otras dos.

Las teorías que nos han enseñado, se han convertido en la barrera para poder entender y transformar la realidad que nos rodea.

Mediante supuestos y precondiciones hemos construido una representación imaginada, y por tanto irreal, de la sociedad, los individuos y sus relaciones, que nos impide una aproximación científica a los nuestro grandes problemas.

Por otra parte, la hegemonía y la rigidez, que se imponen en los círculos académicos y políticos, bloquean el acceso al conocimiento de teorías críticas, que están más comprometidas con la realidad.

A modo de ejemplo, cuando ocurrió la crisis del 2008, la Reina de Inglaterra recriminó a los economistas de la “London School of Economics” por no predecirla y ellos respondieron que:

En resumen, su Majestad, el fracaso para prever el momento, la extensión y la severidad de la crisis y salir de ella; tuvo muchas causas pero fue principalmente un fracaso de la imaginación colectiva de mucha gente brillante, para entender los riesgos del sistema como un todo. (Traducción propia)

Era necesario salir de la lógica del sistema para poder comprenderlo, desde adentro  se ven sólo problemas individuales, pero no la totalidad. Además ante cada situación de crisis, donde se pone de manifiesto la inconsistencia del sistema, el saber constituido trata de tapar el problema y rápidamente da una explicación para calmar la angustia de que la situación se fue de control.

Pues esa inconsistencia además de alertarnos de que “otra cosa” es posible, nos permitiría construir una nueva verdad, una nueva manera de entender la realidad, generando hipótesis que pongan en crisis al orden establecido. En definitiva, nos han impedido articular en conjunto un pensamiento superador.

Pongo en relieve el potenciar el pensamiento, entendiéndolo como algo diferente al conocimiento. En esta época se almacenan y comunican conocimientos, pero no se piensa. El pensamiento es lo que motoriza al cambio. Es el lugar donde es posible que se produzcan las verdades de una época.

Un pensamiento no es un saber. Es, por el contrario, lo que desbarata los saberes establecidos. El saber opera en el terreno de lo posible, mientras que el pensamiento se enfrenta con lo imposible de cada situación.

Por lo tanto, creo que no es sólo mostrando las mentiras de que somos víctimas donde encontraremos la solución, sino planteando firmemente nuestros valores e ideas donde encontraremos las respuestas.

El objetivo debe ser la creación de instituciones en las que pueda darse un respetuoso debate de ideas e intereses y se llegue a acuerdos, ya que no podemos esperar que el consenso brote espontáneamente por la buena voluntad. En las sociedades, los consensos están al final de la historia, y no al comienzo.

¿Como se inserta la filosofía y la metodología masónica en este contexto?

Uno de los postulados de la masonería es el mejoramiento intelectual, moral y social del hombre y la de colaborar en la búsqueda de la igualdad de oportunidades que mejoren la condición humana. Es decir, humanizar por medio de la masonería lo inhumano de la ciencia, que no puede dar respuesta al conflicto social que se produce como consecuencia de la falta de justicia en la distribución de la riqueza social que la misma sociedad contribuye a crear.

Pero no solo tenemos como objetivo y obligación producir el cambio, sino que tenemos las herramientas y el ámbito para hacerlo, pues es necesario garantizar el respeto y la empatía en los debates, pues cada parte expresa intereses legítimos e ideas razonables.

Nuestros talleres son el espacio de trabajo donde fraternalmente podemos plantear nuestras propias preguntas, compatibilizar ideas e intereses en una realidad conflictiva y crear de esa manera el ámbito en el que sistemáticamente podemos articular en una estrategia los intentos de plantear algo distinto. No para formar una síntesis, sino para aprender de la diversidad de nuestros debates. En definitiva para poder pensar.

A ello debe tender el pulimento de la piedra bruta. Solo una formación masónica adecuada destinada a pensar, discutir y proponer soluciones transformadoras y nuestra presencia activa en los marcos de decisión, permitirá y hará factible lograr el cambio, Los acuerdos que perduran son el resultado de debates entre intereses y entre ideas.


Quizás haya llegado la hora en que nos decidamos a mirar en nuestro interior y encontremos allí aquellas utopías que nos den la fuerza necesaria para transformar esta realidad.





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